viernes, 14 de marzo de 2014

Me Amó y se Entregó por Mí


"Me amó y se entregó por mí" (Gal 2, 20). Esta cita del Apóstol Pablo ha sido para mí, y lo sigue siendo, como una especie de rayo de luz que me ilumina para comprender la llamada, tremendamente gratuita, que Dios me ha hecho: me ha llamado por puro amor. El saber que Dios se ha fijado en mí, que ha pronunciado mi nombre y que me ha llamado, me llena de inmensa alegría. Y con esta misma intensidad de alegría, y lleno de agradecimiento, deseo y quiero entregar mi vida para anunciar que Cristo nos ama. Mi razón de ser y de estar en el seminario es Cristo, Él es mi alegría. Y por Él me preparo, porque vale la pena entregar la vida por y para Cristo.

La alegría que brota de haber encontrado, o mejor dicho, de haber sido encontrado por Cristo, prepara y capacita para anunciar con entusiasmo y pasión a Cristo Hijo de Dios, quien nos ha amado y se ha entregado por nosotros.

Noé Cayo Lira
Seminarista de Ávila
5º Teología

jueves, 13 de marzo de 2014

Revista Día del Seminario 2014

Os presentamos la revista que nuestro Seminario diocesano de Ávila ha  preparado en ocasión del Día del Seminario 2014 que se celebra en toda España entorno a la Solemnidad de San José, patrono de los Seminarios. Como nos pide el Santo Padre en la Evangelii Gaudium, este año el tema de nuestros testimonios vocacionales es el de la "Alegría de Evangelizar", acorde con el lema de la Campaña Institucional "La Alegría de Anunciar el Evangelio".

Os pedimos una oración por nuestro seminario tanto mayor como menor y esperamos que os guste lo que hemos preparado para que nos podáis conocer más.


La Alegría de ser "Pobre" para los Pobres


Bienaventurados los pobres de espíritu porque ellos es el Reino de los Cielos. Esta bienaventuranza está suponiendo para mí, una profundización en el camino vocacional como pastor. En ella voy experimentado un doble significado de la alegría de la pobreza.

El primer sentido está relacionado con la humildad, con el sentirte un pobre pecador delante de Dios que a la vez es mirado con misericordia. Aquí es donde radica toda mi alegría, en que Dios como buen Padre ama a sus hijos más débiles, más pequeños, más pobres y les regala “un lote hermoso”, una vocación a la intimidad con Él, a habitar para siempre en su casa familiar. El otro sentido de la alegría de la pobreza, está relacionado con la misión que conlleva el don del sacerdocio. El experimentar a Dios como Padre me lleva cada vez más a amar a todos los hombres como hermanos, a ser servidor de ellos y muy especialmente de los predilectos de Jesús, los pobres.

A esto me ha ayudado el trato asiduo en la pastoral con la gente sencilla de Madrigal, que ha hecho que mi corazón se ensanche como el del Buen Pastor. Así que te pido Señor que la compasión que tienes conmigo la trasmitas con alegría a los demás, a los más “pobres de espíritu” de este mundo.

Nicolás Ruiz Humanes
Seminarista de Ávila
4º Teología

miércoles, 12 de marzo de 2014

El Señor ha Estado Grande con Nosotros y Estamos Alegres


El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres, cantaban los Israelitas a la vuelta del exilio de Babilonia. Se habían dado cuenta de que el Señor había actuado en su historia, les había reunificado como pueblo y volvían a estar unidos. Estaban alegres como consecuencia de que Dios les protegía, les ayudaba y les guiaba. Quizá fue eso lo que me ocurrió a mí. Un día empecé a encajar los acontecimientos de mi vida que andaban dispersos por mi mente y mi corazón, como notas musicales. De pronto empezaron a colocarse en una partitura, formando la sinfonía de mi vida y lo que aparentemente no tenía conexión, era una voz armónica más en la sinfonía. Las pruebas y momentos de dificultad quedaban como silencios de la obra, proporcionándola una belleza sublime.

El misterio de mi vida es la extraordinaria melodía que el Señor ha compuesto en mí con unas cuantas notas sueltas. Esa es la fuente de mi alegría, la música que el Señor compone en mi corazón y en la que cada día reconozco la grandeza de su obra.

Álvaro Campón Sánchez
Seminarista de Ávila
2º Teología

martes, 11 de marzo de 2014

Siempre Alegres para Hacer Felices a los Demás


Querido lector, a estas breves líneas te traigo una reflexión personal con el ánimo de compartir contigo la alegría que supone para mí anunciar el Evangelio. 

Hay una pregunta fundamental que toda persona debería hacerse en su vida y de la respuesta que demos a esta cuestión, dependerá el que nuestra vida esté llena de sentido, alegría, ilusión o no. La pregunta es: ¿Cuál es el sentido de mi existencia? o ¿Para qué estoy en el mundo? Alcanzar el fin, la meta para la cual he sido creado por Dios, y ser feliz son, desde mi punto de vista, las dos caras de una misma moneda. En mi caso, creo que Dios me quiere anunciando su Evangelio, dándole a conocer a los que no le conocen, ayudando al necesitado, al enfermo, al que sufre, llevándoles el aliento y la esperanza del Resucitado, la alegría que da la Buena Noticia. Poder compartir la experiencia personal de Cristo es lo mejor que me ha pasado en la vida y por eso te lo propongo. 

No olvides, tú que lees esto, que toda decisión humana nunca se decide en el margen de lo estrictamente individual, sino que siempre conlleva el arrastre de los otros, es la absoluta solidaridad de cuanto hacemos y por eso hemos de librar nuestra batalla personal y cumplir la misión encomendada por nuestro Padre creador, para nosotros y para los demás.

Rodrigo Santamaría Sastre
Seminarista de Ávila
2º Teología

domingo, 9 de marzo de 2014

La Alegría que Forma mi Vida


A lo largo de la vida hay momentos alegres, pero también hay alegrías que van formando una vida. La alegría del Evangelio es una de ellas porque es capaz de darle una dirección a tu vida.

Esto es lo que intento expresar por medio de este breve testimonio. Como seminarista de segundo curso, voy creciendo cada día en esta vocación a la que el Señor me llama, para servir a los demás y para poder comunicar a las personas que más lo necesitan un mensaje esperanzador. En este camino hay momentos difíciles, otras veces fallamos, nos damos cuenta de que intentamos hacer las cosas bien pero no lo conseguimos. Esto puede traer tristeza y desánimo, pero hay una fuerza que nos levanta y nos salva de esta situación. Ese es Dios, que no nos abandona, que nos acompaña y que nos habla por medio de su palabra igual que lo hace un amigo.

En esto consiste, para mí, la alegría más profunda: el saber que no voy solo por la vida, que Dios va llenando ese hueco que tenía mi corazón. Es la alegría de sentirme querido, de tener una misión que cumplir… la alegría que va formando mi vida.

Fernando González Romero
Seminaista de Ávila
2º Teología